Jesús Faría

ANÁLISIS DE COYUNTURA

3.jun.2014 / 01:43 pm / Haga un comentario

 

La economía venezolana en la coyuntura actual

Jesús Faría

Fallas estructurales de la economía venezolana

La transformación del modelo económico rentista en uno productivo es uno de nuestros mayores retos históricos. Después de que las trasnacionales y los centros imperialistas nos impusieron un modelo económico fundamentado en la producción y exportación petrolera a comienzos de siglo XX, nos moldearon de acuerdo a sus necesidades en el contexto de la división internacional del trabajo. A raíz de ello, nuestra actividad productiva se fue encogiendo y nuestra economía comenzó a depender de una fuente de ingresos vulnerable y crecientemente desvinculada del trabajo.

Es vulnerable, porque los ingresos petroleros están sujetos a ciclos alcistas y contractivos, determinados por factores de la política regional y mundial, así como de la coyuntura económica internacional, que le imponen su ritmo al desempeño de nuestra economía. Durante los años 2008-2009 se produjo la última gran afección de gravísimas repercusiones, producto del derrumbe de los precios petroleros en el marco de la crisis mundial, que aún padece el capitalismo a escala mundial.

Por su parte, este ingreso está desvinculado del trabajo, porque no constituye una retribución a la actividad productiva, sino una especie de bonificación (renta), recibida por el único hecho de disponer en forma excedentaria de la principal fuente energética comercializada a escala planetaria, lo cual lo convierte en un instrumento de creciente valor geopolítico.

El rentismo nos acompaña como rasgo económico fundamental desde los años 50 del siglo pasado, arraigándose progresivamente durante las letras décadas sucesivas hasta nuestros días y convirtiéndose incluso en un elemento esencial de la cultura dominante.

            Como resultado del rentismo, la economía y la sociedad venezolana desarrollaron un rasgo profundamente parasitario. Vivir de la renta condujo al país al abandono de las actividades productivas. El trabajo fue reduciendo su incidencia social y cultural de una manera muy preocupante.

Con el rentismo se generó una creciente dependencia del petróleo. En este modelo, los ingresos de divisas y los de naturaleza fiscal son, de manera creciente, el resultado de la extracción de hidrocarburos. El desempeño económico del país responde a intereses imperialistas. La explotación externa de nuestra riqueza petrolera pasa a formar parte del modelo rentista.

Las importaciones desplazan a la producción nacional, imponiéndole un cerco al desarrollo de la industria y destruyendo de manera dolorosa la agricultura del país.

Como resultado de ello se entra en una situación de atraso, subdesarrollo de la nación, acentuada por la inclemente explotación de nuestro petróleo por parte de las compañías transnacionales. Ciertamente, el rentismo revela la existencia de una profunda dependencia del imperialismo.

El Estado capitalista, instrumento de dominación de la burguesía, operó abiertamente a favor de los grandes grupos económicos y de las compañías transnacionales. Las primeras disfrutaban de la acumulación de renta en sustitución de la acumulación productiva. Las segundas expoliaban ferozmente el petróleo.

           

El desarrollo de la economía  

Una estrategia de transición al socialismo contempla, necesariamente, un proceso de desarrollo de las fuerzas productivas en condiciones de soberanía, que permita desplazar al rentismo por una economía moderna y productiva.

Es obvio, que una sociedad en transición al socialismo no puede convivir con los males arriba descritos. Más aún, las perturbaciones económicas subyacentes a ese modelo, atenta contra de la estabilidad política y social mínima requerida para el desarrollo.

De tal manera que la estrategia económica en la transición debe apuntar a un nuevo modelo de desarrollo, basado en la actividad productiva de alto dinamismo y de un signo social humanista.

Esto significa, por una parte, desplegar una ofensiva histórica que apunte a la industrialización del país. La creación de miles de empresas que le incorporen valor agregado a nuestra materia prima sobre la base de vigorosos estímulos a la inversión productiva, la creación de cadenas tecnológicas de producción capaces de sustituir importaciones y fomentar las exportaciones en el marco de la integración económica, son tareas de primer orden.

Sobre el Estado revolucionario recaen enormes exigencias en materia de planificación del desarrollo, así como también en la necesidad de profundizar las grandes transformaciones políticas y culturales.

Además de estimular a la economía, esta estrategia constituirá un inmenso soporte para las políticas sociales y la estabilidad política en la transición, todo ello en razón de que los cambios del modelo productivo estarán vinculados a nuevas relaciones socialistas de propiedad.

No habrá posibilidad alguna de construir el socialismo sin un elevado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en el marco histórico del Poder Popular. Tampoco se podrán superar los recurrentes ataques de los factores políticos y económicos que se oponen a la revolución.

             

            La guerra económica y ofensiva económica

En el marco de este desafío que implica la revolución económica y superar la agresión contrarrevolucionaria ante el fallecimiento del comandante Chávez, se desató la estrategia desestabilizadora de la derecha, dirigida y alentada desde el gobierno de los Estados Unidos, asume la guerra económica un papel muy especial.

No es un ejercicio nuevo para la oligarquía y sus instrumentos políticos ni es una experiencia nueva para la Revolución Bolivariana. El golpe del 2002 estuvo antecedido por el sabotaje económico. Los grupos económicos despliegan todo su poder su poder financiero con fines de desestabilización política.

La relación es muy clara: Escasez y carestía generan malestar social que, a su vez, se traduce en graves costos políticos para el Gobierno Bolivariano.

El presidente Nicolás Maduro anunció medidas en el marco de una nueva ofensiva económica. El objetivo fundamental es superar fenómenos muy negativos del actual desempeño económico, como la especulación, la inflación, el desabastecimiento, el contrabando de extracción, la inestabilidad cambiaria y la amenaza de recesión, surgidos fundamentalmente de la guerra económica y del funcionamiento de nuestra economía rentista y dependendiente, pero también de errores cometidos desde el gobierno.

                Cualquier estrategia que aspire al éxito en este contexto, debe promover la inversión. Tanto la inversión pública como la privada deben experimentar un repunte significativo para relanzar el crecimiento económico.

                En cuanto al gobierno, su tarea fundamental debe apuntar a la supresión de los factores, que impactan el desempeño de la economía. En ese sentido, la burocracia, la corrupción, la ineficiencia se convierten en caldo de cultivo para los ataques del imperialismo y sus aliados nacionales. Son estas distorsiones terribles en la sociedad venezolana, verdaderos lastres que venimos arrastrando desde décadas, que actúan como poderosos aliados de la burguesía en la guerra económica, sencillamente nos hacen vulnerables a la desestabilización.

                Es indispensable coordinar más eficientemente las políticas monetarias y  fiscales. Por otra parte, debe elevarse la inyección de divisas a un aparato productivo que, desde hace más de 4 décadas, padece de una creciente adicción a las importaciones.

                Debemos hacer todo lo posible para proveer las divisas exigidas por la dinámica productiva. No hay escusas para no hacerlo. De la estabilidad económica del país dependerá la paz de la nación. Eso lo saben, quienes la han perturbado con fines golpistas.

 

La tarea fundamental de la revolución en los actuales momentos

La tarea fundamental de la Revolución en la actualidad consiste en establecer los equilibrios básicos de la economía. Sus distorsiones representan un foco de distorsiones y tensiones, que afectan la estabilidad del país. Los problemas fundamentales son la inflación, el desabastecimiento y las tendencias recesivas que exhibe el aparato productivo.

Del equilibrio y la expansión económica dependen el bienestar social y la estabilidad política. Por otra parte, solidez política y social son condiciones indispensables para el buen desempeño económico. La eficiencia económica constituye el desafío del momento.

En general, la tarea consiste en elevar la productividad y la eficiencia, estimular la creación de miles empresas, garantizar los canales de comercialización de los bienes de primera necesidad, impulsar el protagonismo del pueblo trabajador en unidades de producción socialista y también en la contraloría y supervisión de la actividad económica, establecer mesas de trabajo con sectores empresariales dispuestos a trabajar de manera honesta con el gobierno…

El plan de transición al socialismo se debe mantener y complementar con  los esfuerzos de estabilización de la economía y elevación de la producción.

 

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